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Despertar Andragógico. El inicio de una serie de encuentros.

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Hoy, muy temprano cuando desperté, sentí, tener la visita de una energía cálida y llena de genialidad. ¡Buenos días¡ - me dijo- vamos despiértese señora, la alegría la invita a producir felicidad. –Yo, respondí- ¡Claro que sí! como todos los días.
En particular, recuerdo aquel día, de los primeros de enero de 1988, cuando usted, entre otros temas, con la idea de que sea común el amor, me enamoro, con ese dichoso relato sobre el proceso de aprendizaje de las personas y, como se desarrolla a lo largo y ancho de sus vidas. Razón por la cual, usted me explico, que más allá de anteponer la andragogía a la pedagogía, es preciso acuñar el concepto de antropogogía, como arte y ciencia del aprendizaje humano durante su ciclo psicobiológico total.
Maestro, sí bien lo recuerdo. Aquel día, usted, por igual manifestó que la educación debe ser sobre todo un proceso; donde, la persona se asuma como proyecto ¿y eso por qué? Antes de responder -la pipa a la boca se llevó-. En este caso -me dijo él- en la educación, la persona se asume como proyecto porque “el ser humano es un ser en siendo, nunca deja de aprender y de ser. Es un proyecto que se construye día a día y se transforma conforme al componente energético de su esencia.”
Neria, recuerdas que en ese enero del 1988 te comente y aún hoy lo sostengo, en lo educativo hay un hecho tan dinámico real y verdadero como el hecho pedagógico y el hecho andragógico. Este último, se manifiesta como operatividad o praxis de la educación de adultos. Y se fundamenta en los principios de horizontalidad y participación.
¿Recuerdas? Ese día se lo explique y reflexionamos, con todos y contigo. Dime Neria, ¿puedes recordar lo que les dije sobre ambos principios? Un momento, maestro ¡ya, va!, ¡ya, va! Yo, prefiero colar y servir el café; en tanto, usted mi amado sabio, como en clase magistral, defina cada cual. Él -respondió- está bien mujer, para mí es un placer.
La horizontalidad, Es "una relación entre iguales, una relación compartida de actitudes, de responsabilidades y de compromisos hacia logros y resultados exitosos, por permitir a los participantes y al facilitador, interaccionar su condición de adulto, aprendiendo recíprocamente, respetándose mutuamente y valorando la experiencia de cada uno en un proceso educativo de permanente enriquecimiento y realimentación. La horizontalidad se constituye en dos características básicas: cualitativas y cuantitativas. Las cualitativas se refieren al hecho de ser, tanto el facilitador como el participante, iguales en condiciones, al poseer ambos adultez y experiencia, que son condiciones determinantes para organizar los correspondientes procesos educativos considerando: madurez, aspiraciones, necesidades, vivencia e intereses de los adultos. Las cuantitativas, tienen relación con los cambios físicos experimentados en las personas adultas.
Él se sirvió el café -con voz de satisfacción dijo- ¡mujer que bueno te quedo! Con esa expresión y otras varias, en torno al café, continúo…
La Participación, es la acción de tomar decisiones en conjunto o tomar parte con otros, en la ejecución de una tarea determinada. Es el intercambio de información que se traduce en provecho de todo el grupo, enriqueciendo su experiencia e incrementando la fuente de productividad en la situación de aprendizaje. Es un proceso sinérgico, sustentado, en el principio de que el todo o globalidad es superior a la suma de las partes que la integran; y que, en la praxis del aprendizaje de las personas adultas. Su aplicación, comprende una visión holística e integrativa que debe direccionarse individual o colectivamente.
Además, no debes olvidar, menos hoy, que con facilitadores y participante te encontraras. Por favor, cuéntales que tempranito nos tomamos un sabroso café. Recuérdales, de lo que en la Universidad Simón Rodríguez soñé. Háblales, sobre la práctica educativa del adulto, en particular, de su aprendizaje. La importancia de tener claro, que se trata de un proceso de orientación-aprendizaje en lugar de enseñanza-aprendizaje. Debido a que, en el ambiente de aprendizaje los participantes interactúan en relación con aquello que se quiere aprender.
En consecuencia, facilitadores y participantes requieren poseer características comunes de autenticidad, motivación, autocrítica, empatía, igualdad, interacción, ética y respeto mutuo. -Él dijo- Neria, utilizando tus palabras, estas características son imprescindibles, para poder hacer del proceso de aprender el lugar común del amor.
-Está bien- le dije-, les hago llegar su mensaje. Entonces hasta el próximo encuentro, querido maestro Félix Adam.
-Cuídese mucho.

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