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Transformación de la Educación Universitaria en Venezuela

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El aprendizaje Espiritual en, y para la transformación de la Educación  Universitaria Venezolana.

                                                          ©Neria Mercedes Zambrano Pérez.

Noviembre 2011

 La Declaración  Mundial sobre la Educación Superior en el Siglo XXI y el Marco de Acción Prioritaria para el Cambio y el Desarrollo de la Educación Superior, aprobados por la Conferencia Mundial para la Educación Superior el 9 de octubre de 1998 en París (UNESCO, 1998) así como, la Declaración de la Conferencia Regional de la Educación Superior en America Latina y El Caribe (CRES) Cartagena Colombia Junio de 2008 y el comunicado final de la  Conferencia Mundial de Educación Superior 2009 “La Nueva Dinámica de la Educación Superior  y la búsqueda del cambio Social y Desarrollo del 05 al 08 de julio de 2009 en Paris (UNESCO, 2009)  establecen, los descriptores que explican, en parte, los principios y, de la funcionalidad del sistema universitario , en y, para la interpretación de la categoría,  transformación de la Educación Superior, a saber: Responsabilidad social, acceso, equidad y calidad, internacionalización, regionalización y globalización, el aprendizaje de la innovación y de la investigación. Si se contrastan lo establecido en los documentos antes señalados, con las leyes actuales en Venezuela, es evidente que estas se ajustan, incluyendo, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) de 1999, la Ley Orgánica de Educación (LOE) de 2009 (República Bolivariana de Venezuela, 2009a) y la vetada Ley de Educación Universitaria (LEU) de 2010 (Asamblea Nacional, 2010). (Gómez, 2011). De ahí que al abordar de manera reflexiva, la categoría, transformación de la Educación Superior,  es necesario, asociarla a la crisis de paradigma. (Alex Fergusson/ Rigoberto Lanz Junio, 2011) Por tanto, se comprender la transformación de la educación superior como un proceso de cambio paradigmático en todos sus ámbitos, es decir, como una reforma del pensamiento,  condiciona la posibilidad de transitar un camino de refundación del papel de la educación superior, fundamentado en el aprendizaje espiritual de  los seres humanos y/o actores involucrados

En esta idea (Frolov, 1982) plantea que para resolver con éxito los problemas globales, característicos de nuestro mundo contemporáneo, necesitamos crear nuevos métodos de pensamiento, elaborar una nueva moral y una nueva escala de valores, y, sin duda alguna, nuevas normas de comportamiento. La humanidad está en el umbral de una nueva etapa de su desarrollo. No sólo se debe promover la expansión de su base material, científica y técnica, sino, lo que es todavía más importante, formar nuevos valores y aspiraciones humanísticas, ya que la sabiduría y el humanismo son las verdades eternas que constituyen el fundamento de la humanidad. Nos hacen falta nuevos conceptos sociales, morales, científicos y ecológicos que deberían determinar las nuevas condiciones de vida del hombre actualmente y en el futuro. Asimismo, (Delors, 1996),  expone la emergencia de formar un hombre que sea capaz de aprender a ser, es decir, que se vaya haciendo cada día más humano; que sea capaz de aprender  a hacer, es decir, que ponga en actividad su mente y sus manos y asuma el trabajo como medio de realización personal y social; que sea capaz de aprender a conocer, es decir, que esté dispuesto y capacitado para adquirir los conocimientos necesarios, procesarlos y transformarlos y para aprender permanentemente; de modo que, formando inteligentemente y habiendo desarrollado todos sus talentos y posibilidades, sea capaz de aprender a convivir en una sociedad más justa y más democrática. En otras palabras, formado en las más amplias y multilaterales facultades de expresión y de comunicación, equilibrio afectivo, el hábito científico y crítico, el más amplio espíritu de socialidad y de humanidad. 

 El aprendizaje espiritual, emerge como una alternativa y /o manera de enfrentar la crisis de paradigma en la educación superior, y, prefigura el empoderamiento  del proceso de  transformación de la Educación Superior, la cual se explica mediante el alcance de responsabilidad social, acceso, equidad y calidad, internacionalización, regionalización y globalización, el aprendizaje de la innovación y de la investigación. Alternativa que implica, una revolución de conceptos en que desaparecen las fronteras disciplinares marcadas por la racionalidad y todas sus implicaciones relativas a vivir en una cultura que desvaloriza las emociones humanas, pese a coexistir en una cotidianidad en que la razón y la emoción se entrelazan en esa red de creación y de saberes populares y científicos que constituyen la convivencia humana. En este caso, la prioridad es,  desaprender para aprender y comprender cómo trasformar la educación superior al desarrollar el potencial humano, sobre la  base de la conceptualización del amor. Conceptualización fundamentada en los conocimientos que durante tres décadas de estudio, los científicos  abordan cuestiones de siempre y plantean nuevas preguntas sobre: la neurociencia, la biología, la genética, la antropología y psicología evolutiva/cognitiva. El conocimiento resultante de la convergencia de estas disciplinas, brindan la fascinante posibilidad de una nueva forma de comprender, entender y concebir el amor, como concepto clave e imprescindible en el proceso de consolidación del paradigma educativo emergente, en y para la transformación de las potencialidades humanas. (Zambrano, 2008- 2009)

 Aprendizaje Espiritual que se construye al reflexionar sobre las emociones, sensaciones y juicios, relaciones e interacciones posibilitando, la integración de los dominios (cognitivo-conceptual, afectivo, físico, social, perceptual, moral y experiencial) del ser humano conducente a la formación del ser de amor. Motivado a que:

  El amor es una emoción un modo de convivir, una clase de conductas relacionales entre seres vivos (…) El amor es simple, y se lo puede caracterizar haciendo referencia a cuando hay amor: el amor ocurre en el fluir de las conductas relacionales a través de las cuales la otra, el otro  o lo otro surge como legitimo otro en convivencia con uno. O lo que es lo mismo, el amor es la emoción  que constituye y conserva la convivencia social (Maturana/ Nisis)

 Aprendizaje espiritual, fundamentado en el amor y consustanciado, con la (apertura, reflexión e integración), exige, de los actores- autoridades, facilitadores, participantes, personal administrativo y obrero-  de las instituciones de educación superior, desplegar desde y, en la cotidianidad, los elementos primarios del ser: cuerpo, mente, emoción y espíritu, a fin de poder, por una parte, comprender y asumir el cambio, por la otra, aceptar y recrear  la esencia humana de lo humano que se descubre en si mismo. En otras palabras:

 …ser-en-el-mundo, ser-con-otros y ser-inconcluso. El hombre ser-en-el- mundo significa que él está relacionado esencialmente con su tierra, un ser espacio-temporal, individuo en continua interacción con su medio. El hombre es un ser social. El hombre situado en el mundo, se encuentra en el mundo con otros. Existe como ser-ahí, como experiencia vivida, como situacionalidad y como ser-con-otros. Sánchez Gamboa (2001, p. 94)

Aprendizaje espiritual, que permita a la comunidad intrauniversitaria, y porque, no, a la comunidad extrauniversitaria, creer firmemente que el amor es transversal a todo pensamiento, palabra, acción y reflexión humana y, por ser, todo lo que se desprende de él,  la energía vital que facilita, en este caso, materializar la transformación de la Educación Superior.  Todo ello implica, detenernos a observarnos a reconocernos, a fin de desaprender, reaprender y comprender que el cambio y transformación  debe ser integral, aún más, debe ser continuo y sostenido. En otras palabras,  la transformación de la educación superior, exige un cambio de valores, es decir, la nueva visión del sistema de educación superior se debe organizar en el contenido ético que lo interpreta, y ,  permita transita: “ De la independencia a la interdependencia, de la competición a la cooperación, de la cantidad a la calidad, de la expansión a la conservación, de la dominación a la cooperación, del individuo a la comunidad, de crecimiento a balance dinámico, de familia nuclear a familia humana”. Gallegos (1996, p, 8)

 El aprendizaje espiritual facilita el accionar de los actores involucrados, desde el ser de amor, en efecto, vivenciar a plenitud, de manera creativa y con una actitud optimista la transformación de la educación superior, debido a que, el aprendizaje espiritual, desencadena un aprendizaje transformacional, por originarse, del mismo poder transformacional del ser humano al internalizar que la vida es cambio y transformación, vinculado, totalmente a la actitud de aceptación conducente a amarme, amarnos y amar. Garantizando, así, que éstos hombres y mujeres sean sensibles, amorosos y amorosas, concientes de su ser social y,  de que el mundo que vive, surge del vivir y del convivir. Se trata de aprender que la experiencia (conciencia) de lo otro es conciencia de sí mismo. En este caso, se transformara la educación superior en la medida que  éstos se transformen para transformar en y, para la transformación.   (Blesa, 2000), (Maturana, 2004 ), (Cullen, 2004)

 Cave destacar, la acepción transformacional del aprendizaje espiritual genera un espacio en y, para la implicación, donde el sentimiento y el pensamiento deben interaccionar orgánicamente para conformar la personalidad unificada, auténtica del individuo donde el sentir significa estar implicado en algo. Además que cuanto más intensas sean las integraciones y más generales los conceptos con los que las personas se identifican, más amplio es el círculo de  implicación (Heller, 1980)  Por tal razón, la implicación de los actores, al formar su ser de amor, mediante el los elementos que fundamentan el aprendizaje espiritual, determina, una manera de mirar y actuar desde el respeto, la comprensión, la participación, la búsqueda del consenso, el diálogo y la solidaridad. Se busca construir y vivir en un espacio común donde todos participen de manera activa y responsable. Se apuesta, por una democracia desde la convivencia que fomente una cultura de participación y colaboración. Por consiguiente, los valores como parte del proyecto social venezolano propone una sociedad solidaria, amorosa y productiva, se fundamentan en una visión humanista que ubica al ser humano en una relación armoniosa, consigo mismo y con su entorno natural y social. Para alcanzar este ideal, debemos “desaprender”. Para la formación de los valores se hace necesario un nuevo tipo de educación fundada en lo moral y las luces para transformar los valores y transformar las conciencias. En el proyecto social venezolano se plantea la necesidad de una educación popular y permanentemente que nos permita asumir los valores y las conciencias genuinas del pueblo para convertirlo en ejemplo y hacerlo una potencia para la transformación profunda de nuestra sociedad.  Ugas (1998, 2003,2005, 2008).

 Finalmente, en el marco del análisis y la reflexión aportados por el entretejido teórico, expuesto, se  reconoce el aprendizaje espiritual fundamental en y, para el proceso de transformación de la educación superior, debido a que, éste, prefigura la implicación de los actores involucrados en el accionar sensible y conciente que demanda el empoderamiento de las capacidades y despliegue de actitudes, aptitudes y nuevos valores humanos - sociales, para asumir, la materialización y sostenibilidad de los principios  de   responsabilidad social, acceso, equidad y calidad, internacionalización, regionalización y globalización, el aprendizaje de la innovación y de la investigación en el sistema de educación superior, a fin de construir y vivir en un espacio común, donde todos participen de manera activa y responsable, mediante relaciones e interacciones profundamente humanas, productivas y participativas, vivenciadas y/o experimentadas en la cotidianidad al: a)Vislumbrar el encuentro y manifestación sublime del amor,  en  acciones propiciadas en el mutuo acuerdo y trascendente bienestar- independientemente de las circunstancias paradigmáticas e ideológicas presentes- que fundamentan  la posibilidad de aprender el amor como emoción, y, más aún, su transformación de emoción a pensamiento y acción; b) Formar para aprender a desaprender, mediante la vivencia continua de estrategias consustanciadas con la disposición de pensar bien, tanto de sí mismo, como de los demás, ver el lado amable de la vida en todas sus manifestaciones,  elevar el significado de las emociones y pensamientos placenteros hasta convertirnos en  productores de felicidad, y; c) Percibir el cambio que se registra en el pensar y el sentir, siempre y cuando se lleve a cabo la introspección, ésta, asociada con el transitar por una inteligencia superior que transforma los sentimientos y manera de pensar, al adentremos en ella, conocerla y comprender cómo la creación de un elevado estado de conciencia humana se transforma en mayor bienestar individual y colectivo. Todo ello, justifica  que la idea  del aprendizaje espiritual de carácter transformacional en y, para la transformación de la educación superior, transformada, desde la transformación humana construida y sostenida en el y, por, y para el amor.

 

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_________________ Foro en el Área de Postgrado El amor es una fuerza vital en los aspectos educativos http://www.tiempo.uc.edu.ve/tu483/paginas/12.htm

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